Nominalmente, La delgada línea roja trata sobre la batalla de Guadalcanal, una de las batallas más reseñadas como sangrientas de la segunda guerra mundial, la cual fue librada entre los estadounidenses y los japoneses. Con esta brevísima reseña, no sería una sorpresa encontrar en esta película escenas de extrema violencia y muerte; como en efecto sucede. Sin embargo, en lugar de centrarse en lo épico o heroico, en el patriotismo, en la moral de tropa, en fin, en los estereotipos de películas bélicas, este film rompe con todos ellos y se vale de los pensamientos y recuerdos de algunos soldados ante las situaciones extremas de la guerra, de una espectacular fotografía de la naturaleza, de unas escenas de vida plena y feliz de las etnias de la isla, y de una bellísima y oportuna música, para plantear preguntas y meditaciones sobre el absurdo de la guerra. Sin darse cuenta, el espectador se distrae de la violencia explícita que se le muestra y se le invita a redescubrir las meditaciones sobre el absurdo de la guerra que se plantean los personajes.
La película se inicia con escenas muy hermosas de la naturaleza salvaje y de fondo la voz del soldado Witt, el protagonista, preguntándose "¿Qué significa esta guerra en el corazón de la naturaleza? ¿Por qué la naturaleza lucha contra ella misma?". Muy pronto, se descubre a Witt compartiendo una pacífica vida sencilla, pero plena y feliz, con una tribu de la isla. Witt se ausenta de su tropa sin permiso y se dedica a conocer la vida paradisíaca de la tribu. En medio de ese paréntesis, Witt se pregunta por la guerra y por la posibilidad de su muerte: "Recuerdo a mi madre cuando estaba muriendo. Era valiente. Le pregunté si tenía miedo. Lo negó con la cabeza. Yo le temía a la muerte que veía en ella. No pude hallar nada bello ni consolador en el hecho de que ella se fuese con Dios. He escuchado a la gente hablar de la inmortalidad, pero no la he visto. Me pregunté cómo sería cuando yo muriera, qué se sentiría saber que este aliento sería el último que tomaría. Esperaba poder saberlo como ella, con la misma calma, porque allí es donde está oculta la inmortalidad que no he visto."
Al cabo de un breve tiempo fílmico el cual muestra la vida de la tribu, arriba un barco de guerra y con él Witt debe afrontar una sanción por su ausencia de la tropa. Se presenta entonces un diálogo entre Witt y el sargento Welsh en el cual éste le recrimina por su fuga y le impone como sanción el ser camillero de los heridos. Se trata de una sanción porque desde esta actividad Witt se verá obligado a vivir y presenciar más horrores de guerra que el soldado tradicional. Ante esta sanción Witt le responde con un poco con altanería:
Witt: Puedo encargarme de eso; soy el doble de hombre de lo que tú eres
El sargento cavila un momento y luego, mirándole a los ojos, le responde con una de las proposiciones más importantes de la película:
Welsh: En este mundo un hombre por sí solo no es nada. Y entiende que no existe otro mundo, además de este.
Witt también cavila, porque comprende que el sargento lo está invitando a considerar la realidad de la guerra. Pero recordando la vida paradisíaca con la tribu Witt también sabe que otro mundo, sin guerra, es posible y le replica:
Witt: En eso se equivoca sargento, yo he visto otro mundo, aunque a veces creo que fue en mi imaginación.
Al final de este diálogo comienza la realidad de la guerra a través de típicas escenas bélicas, algunas terribles, pero que tienden a pasar desapercibidas entre los pensamientos de los soldados, la fotografía de la naturaleza y la música. Witt y el sargento Welsh nunca pierden su valor de soldados ni su solidaridad, compasión y esperanza, pero a lo largo de la historia ambos aprehenden la deshumanización inherente de la guerra de una manera distinta. El sargento Welsh, con la responsabilidad de la tropa, vive la guerra con cinismo, mientras que Witt lo hace buscando lo bueno del Hombre. Witt se esmera por acompañar a sus camaradas agonizantes, tratando de encontrar respuesta a su pregunta inicial a la vez que intentando ayudarlos en ese último tránsito. Welsh los acompaña en silencio. Ambos reflexionan sobre la muerte a su manera.
Luego de una batalla encarnizada y atroz, en la cual ambos contemplan la muerte de algunos de sus compañeros, Witt y Welsh retoman la conversación inicial. Welsh le dice a Witt
Welsh: Siento lástima por ti muchacho
Witt: Ah si?
Welsh: Un poco … este ejército te matará. Debes cuidarte solo; no puedes hacer nada por los demás. Es como una casa quemándose dónde nadie podrá salvarse. Qué crees que puedas lograr? Qué diferencia puede hacer un hombre solo en esta locura. Si mueres será en vano. No existe otro mundo donde todo vaya a estar bien; sólo existe este; solo esta roca
Witt, en lágrimas, no tiene palabras para refutar al sargento; entiende que a su modo Welsh le está diciendo la verdad. Pero Welsh no es tan insensible como lo aparenta. En otra escena, mientras contemplan algunos de sus compañeros heridos, un soldado le dice:
No importa cuánto entrenamiento tengas o cuan cuidadoso seas. Es cuestión de suerte si mueres o no; no importa quién seas o cuan fuerte seas. Si te encuentras en el lugar y tiempo equivocado te tocará. …. Vi como moría ese muchacho; no siento nada; ya no me importa nada.
Luego Welsh percibe la reflexión del soldado ante su pérdida de humanidad, a lo que le replica:
Welsh: Suena como una bendición. Yo aún no tengo esos sentimientos, ese letargo; no como el resto de ustedes. Quizá porque yo ya sabía qué esperar; quizá ya soy insensible
Un poco más adelante Witt regresa a la aldea de la tribu dónde comenzó la película y presencia como la guerra, más allá de la devastación material, ha transformado a sus habitantes. Intenta fútilmente entablar conversación con los aldeanos y nota en pleno como la guerra les ha destruido su vida. Recuerda sus momentos con la tribu: "éramos una familia; pero esto tenía que terminar y tuvimos que separarnos. Ahora estamos uno contra el otro, cada quien bloqueando la luz del otro. Cómo perdimos aquella bondad que teníamos? La dejamos escapar, la desperdiciamos sin cuidado". Después Witt regresa con su tropa y observa la misma transformación en sus compañeros.
Hay muchas más escenas con otros personajes en los cuales se pretenden transmitir sus posturas ante la guerra, pero el motor de la película son las posturas de Witt y Welsh, ante la muerte y la manera en que estos la confrontan.
Welsh reflexiona luego del encuentro, contempla a su tropa (en la que está Witt) y muestra cómo le ha calado la sensibilidad de Witt: "un hombre ve a pájaro morir y piensa que sólo existe el dolor. La muerte tiene la última palabra; se ríe de él. Otro hombre ve ese mismo pájaro y siente la gloria; siente algo sonriendo a través de ella.
Aunque la muerte es ubicua en esta película, es difícil decir que versa sobre ella. Se trata más bien sobre la lucha del individuo contra la guerra, contra su absurdo, contra aquello que forza a romper la línea de vida cotidiana de los hombres y los expone inmisericordemente a la muerte. Pero a la vez, también muestra la variedad de pensamientos y posturas de los hombres frente a su posible muerte y su incertidud acerca cómo la enfrentarán.
Luego Welsh percibe la reflexión del soldado ante su pérdida de humanidad, a lo que le replica:
Welsh: Suena como una bendición. Yo aún no tengo esos sentimientos, ese letargo; no como el resto de ustedes. Quizá porque yo ya sabía qué esperar; quizá ya soy insensible
Un poco más adelante Witt regresa a la aldea de la tribu dónde comenzó la película y presencia como la guerra, más allá de la devastación material, ha transformado a sus habitantes. Intenta fútilmente entablar conversación con los aldeanos y nota en pleno como la guerra les ha destruido su vida. Recuerda sus momentos con la tribu: "éramos una familia; pero esto tenía que terminar y tuvimos que separarnos. Ahora estamos uno contra el otro, cada quien bloqueando la luz del otro. Cómo perdimos aquella bondad que teníamos? La dejamos escapar, la desperdiciamos sin cuidado". Después Witt regresa con su tropa y observa la misma transformación en sus compañeros.
Hay muchas más escenas con otros personajes en los cuales se pretenden transmitir sus posturas ante la guerra, pero el motor de la película son las posturas de Witt y Welsh, ante la muerte y la manera en que estos la confrontan.
Hacia el final, antes de su muerte , Witt tiene una última conversación con Welsh:
Weshl: ¿A quién le das problemas hoy?
Witt: ¿Qué quiere decir?
Welsh: Bueno, eso te gusta hacer ahora. En este viaje egocentrista. ¿Por qué causas líos, Witt?
Witt:Se preocupa por mí, ¿no, sargento? Siempre sentí que sí. ¿Por qué aparenta siempre ser una piedra? Un día puedo venir a hablar con usted, pero al día siguiente es como si ni nos conociéramos. Ahora conoce mi casa. ¿Llega a sentirse solo?
Welsh: Sólo alrededor de la gente.
Witt: Sólo alrededor de la gente.
Welsh: Sigues creyendo en la luz bella, ¿verdad? ¿Cómo lo haces? Para mí, eres un mago.
Witt: Aún veo una chispa en usted.
Welsh reflexiona luego del encuentro, contempla a su tropa (en la que está Witt) y muestra cómo le ha calado la sensibilidad de Witt: "un hombre ve a pájaro morir y piensa que sólo existe el dolor. La muerte tiene la última palabra; se ríe de él. Otro hombre ve ese mismo pájaro y siente la gloria; siente algo sonriendo a través de ella.
Aunque la muerte es ubicua en esta película, es difícil decir que versa sobre ella. Se trata más bien sobre la lucha del individuo contra la guerra, contra su absurdo, contra aquello que forza a romper la línea de vida cotidiana de los hombres y los expone inmisericordemente a la muerte. Pero a la vez, también muestra la variedad de pensamientos y posturas de los hombres frente a su posible muerte y su incertidud acerca cómo la enfrentarán.
No puede finalizarse esta meditación sin hablar de la muerte de Witt. Como algunas de las escenas ya lo habían sugerido, caer en batalla tiene algo de azar. En ese sentido, aunque siendo un magnifico soldado, Witt se encuentra atrapado por las circunstancias. Durante una patrulla, descubren un avance japonés imprevisto por su pelotón. Se ve pues urgente que hay que advertir al pelotón. Pero uno de sus compañeros cae gravemente herido. Ante el suceso, como en otras ocasiones durante el filme, Witt decide acompañar la agonía de su compañero e instruye al otro descender por el río para así alertar al pelotón.
Después de consolar y preparar a su compañero agonizante, Witt decide distraer a la patrulla japonesa y comienza a correr en dirección opuesta, y así alejarlos de su pelotón. Al final, Witt cae en una especie de pradera, fuera del encubrimiento de la selva, dónde inevitablemente es descubierto y cercado. La escena es tan impresionante que sin mediar ningún dialogo, el espectador pendiente comprende muy bien los pensamientos de Witt ante su muerte inminente. Recuerda la agonía de su madre y confronta sus últimos momentos ante los soldados japoneses con la misma serenidad que él recordaba de su madre.